'Peterete' Santillán: el pulidor de diamantes

22 Oct, 2019
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Peterete Santillán

La orfebrería es uno de los oficios más antiguos del mundo. Desde el principio de los tiempos, cuando los hombres comenzaron a adornar sus cuerpos con joyas y alhajas, se necesitó que tipos talentosos tomarán el oro, la plata y las piedras preciosas, y los trabajaran hasta darles las formas más hermosas y espléndidas posibles.

Poco a poco, con la vista cansada y las manos delicadas, los orfebres sacan el alma que habita escondida en los minerales crudos que extraen de la tierra, y es su proceso de embellecimiento el que convierte a las simples rocas en joyas invaluables.

Pues en León, Guanajuato, un orfebre viejo y tenaz se convirtió en el principal pulidor de los diamantes de la cantera verdiblanca. Cuando un niño llegaba a sus manos, él veía en su alma si tenía el don para jugar al futbol, y lo pulía hasta sacar la  magnífica joya que sólo él había visto escondida en sus piernas.

Se llamaba Agustín “Peterete” Santillán, y fue el mejor formador de futbolistas que ha pasado por el Club León en sus 75 años de historia.


¿Pero quien era el “Peterete”? ¿Qué casualidades del destino lo trajeron al Bajío a sacar a los jóvenes de las canchas de tierra de los barrios para convertirlos en futbolistas del Club León?

Todo comienza en la década de los cincuentas, cuando el directivo verdiblanco don Pedro Pons, viaja a la Ciudad de México, y alguien le recomienda que vaya a ver a un joven que ya destacaba en las ligas de futbol amateur. Se trataba de Agustín Santillán, el “Peterete”, originario de Veracruz pero que había emigrado desde muy joven a la capital del país.

“El señor Pedro Pons fue el que yendo a México le recomendaron que fuera a verlo, y él junto con un tío mío que se llama José Solorzano, los trajo a jugar a León con el San Sebastián y a la par con León, pero sus inicios fueron con el San Sebastián. Él se vino de México, vivía en casa de huéspedes por la calle Pino Suárez y también vivió en el Malecón del Río, donde está la fábrica de Coloso. La familia Padilla lo arropó, le daba de comer, la esposa del “Loco” Padilla lo ayudaba, y él se hizo muy amigo de ellos”, recuerda Agustín “Pelón” Santillán, el hijo del “Peterete” que siguió sus pasos, y que hoy todavía forma a los jóvenes futbolistas leoneses que llegan a las canchas de la “Deportiva del Estado”.

Para la temporada 1953-54, el “Peterete” ya se había establecido como un elemento importante del Club León, y comenzó a destacar en la delantera del equipo esmeralda. En esa campaña ligó un total de nueve partidos consecutivos con gol, récord que se mantiene hasta hoy en el equipo esmeralda, solamente igualado por Tita. Este buen rendimiento hacía pensar que el “Peterete” era el futuro de la delantera esmeralda, e incluso llegó a ser convocado en una prelista de la Selección Mexicana.

Pero toda esa prometedora carrera futbolística se vio cortada de tajo en el primer encuentro de la temporada 1954-55 frente al Marte de Guadalajara. En ese partido, donde todavía alcanzaría a anotar el primer tanto de los esmeraldas, el “Peterete” dejaría el campo con la rodilla destrozada al minuto 26, luego de un choque presuntamente fortuito con el defensor peruano Guillermo Andrade. Tenía 24 años.


Foto Somos Campeones


“Él empezó a jugar en el Club León y empezaba a destacar, era centro delantero, tenía cualidades, metía goles, pero en una jugada fortuita con el peruano Andrade salió lesionado y lo operaron. En aquel tiempo la medicina no estaba tan avanzada como ahora, y no quedó bien, nunca quedó bien, nunca se rehabilitó bien, y quedó marginado. Hizo su curso de entrenador, más o menos del año 58 al 60, y empezó a trabajar con el Club León en sus fuerzas básicas, empezó a ver jugadores, y ahí tuvo sus inicios como visor con el ojo clínico que él tenía. Dios le quitó una pierna pero le dio un talento muy grande para vislumbrar jugadores”, recuerda su hijo.

Es así como el “Peterete” se refugió en la dirección técnica, y puntualmente en la detección de jóvenes talentos. Ingresó a las fuerzas básicas esmeraldas en la década de los sesentas, y ahí se mantuvo hasta inicios de los dosmiles, es decir que pasó cerca de cuarenta años como el principal visor y pulidor de los jóvenes futbolistas leoneses.

“Mi papá fue un defensor muy fiel y férreo de las clases bajas y de los jugadores con talento. En el Club León desde que él estuvo, desde el 60 o 61, y casi hasta el año 2000, el Club León siempre tenía en su plantel cerca de 25 o 28 jugadores, de los cuales veinte eran nacidos en León, y ahora si tienen tres es mucho”.

Y es que si habías nacido en León, Guanajuato, y querías jugar al futbol profesionalmente, tenías que pasar primero por el filtro del “Peterete” Santillán. Casi todos los jugadores leoneses que llegaron a jugar en primera división con el Club León fueron resultado del trabajo del “Peterete”, y así lo demuestran los más de 500 futbolistas que, según su hijo, alcanzó a debutar.

“Si te dijera que fueron 500 seguramente me quedo corto, y de los cuales destacaron a nivel selección jugadores como Manuel Guillén, “Chepe” Chávez, el “Mango” Orozco, Víctor Aguado, “Churpias” Flores, Fernando Battaglia, “Tito” Etcheverry, es muy corta la lista que pudiéramos hablar. Ya últimamente jugadores como el “Tena” Murguía, Beto González, el “Jimmy” López o “Chavicos” Enríquez son un reflejo fiel de lo que él hizo en el Club León y por ellos”.

Todo porque, al contrario del modelo actual donde los chicos se inscriben en el sistema de escuelas filiales de la Fiera y van forjando su camino poco a poco, el “Peterete” se metía cada semana en las mejores ligas amateur de la ciudad, en los partidos llaneros y las copas de los barrios, y de ahí elegía a los que veía con talento para destacar en la primera división, y los invitaba a jugar con él en los Cachorros del León de la tercera división.

“Él lo que hacía era ir a los llanos para domingo a domingo ver los partidos de todas las ligas, sobre todo los de las ligas leonesa, la comercial, la interclubes, la sabatina, la Miguel Hidalgo, que era de donde observaba a los jugadores, les daba un seguimiento de dos, tres, cuatro partidos, y después los invitaba a probarse en la cancha de prácticas del Club León en fuerzas básicas. Y bueno, su ojo y su talento para detectar jugadores solamente él supo cual es, porque nadie sabe cual era la cualidad que tenía para hacerlo”.

En esto coinciden también algunos de los jugadores que descubrió y formó, como José Concepción “Chupón” Rodríguez, quien recuerda con nostalgia el trabajo del “Peterete”.

“El “Peterete” era una persona con mucha visión, con mucho talento para descubrir al jugador que él creía que iba a llegar a jugar en primera división, y nos pulía, nos enseñaba, nos enseñó a jugar futbol, nos enseñó la técnica, el toque, el remate, el pase, según uno ya lo sabía todo, pero cuando llegas ahí te sorprendes de lo que te hace falta”.

Para el “Chupón” se trata de una cuestión simple: los jugadores con talento no llegan a ti, tienes que buscarlos, y el “Peterete” era un experto en eso.

“Hay mucho joven que se pierde porque hay muchos obstáculos. Ahora con esto de las escuelas de futbol, donde te cobran, donde tienes que pagar pasaje para ir al entrenamiento, tus papás no tienen para pagarte la mensualidad, eso es puro negocio, para mí es puro negocio. Si el León o los demás equipos hicieran lo que hizo el “Pete”, el León no sufriría por jugadores”.

En eso mismo coincide otro de los alumnos destacados del “Peterete” como Manuel Guillén, quien señala que las labores que realizaba como visor cayeron en desuso.

“Ha cambiado, como todo, pero hay personas que se deberían dedicar a buscar en los barrios, donde está el talento, y no como ahora, que hay tantas escuelas y filtros para llegar a las reservas, a la sub-17, la sub-20. Yo pienso que hay mucho manoseo de jugadores, que deberíamos hacerlo a la antigüita, ir a buscar nosotros los exjugadores o empleados del club, buscar jóvenes y que nos hicieran caso a los que jugamos, y que si llevamos a un joven o dos es porque tienen cualidades. Yo me doy cuenta de mucha gente que son recomendados, que son invitados, que lucran mucho con el futbol, y el joven se va marginando”.

Guillén, uno de los futbolistas leoneses más destacados de la historia, cree que este enfoque serviría para regresarle el espíritu local y la identidad a un Club León que hoy en día se encuentra internacionalizado.

“Yo te aseguro que sí sacarían cantera, porque aquí en León hay muchas ligas, y siento que nada más es eso, trabajarlos y darles la oportunidad. Ahorita no sé cuantos extranjeros juegan, creo que ya es la mayoría de extranjeros, cuando nosotros jugábamos eran cuatro, a veces tres, a mí me tocó en varios equipos jugar con puros mexicanos, osea que calidad la hay, nada más que hay que buscarla y trabajarla”.

Para Héctor “Cuirio” Santoyo, tal vez el mejor defensa central que haya nacido en León y que también fue descubierto por el “Peterete”, es esta falta de identidad lo que más necesita una Fiera que él ya casi no reconoce como suya.

“Hacen falta jugadores de León, y no es que no haya material humano, sí hay, pero no sé, ese señor, el “Peterete”, algo tenía, porque era el único que buscaba jugadores, y salimos muchos, muchísimos, “Chepe”, Guillén, el “Perla”, el “Chupón”, “Churpias”, entre tantos, y ahora escucho que hay profesores en todos lados, y no sale nadie de la cantera, entonces algo anda mal ahí, porque material humano hay”.

Personalmente, el “Cuirio” preferiría ver cada quince días en el Nou Camp a un once leonés, entregado y luchador, y que representara de la mejor manera posible el verde y blanco de su escudo.

“Se siente más bonito, yo mismo, si mirara gente de aquí de León, como que lo llama a uno, porque viene gente de otros lados y no, al menos yo no siento nada, no siento lo mismo, muy diferente que si hubiera gente de aquí de León, yo lo sentiría como si fuera hasta de mi familia”.

Pero para conseguir eso hay que escarbar entre el fango y la tierra, y sacar las perlas que yacen escondidas donde nadie más se anima a buscar. Eso era lo que hacía el “Peterete”, y por eso fue tan exitoso en su puesto, porque sabía que más que el futbolista, lo importante era el ser humano, como lo platica su hijo.

“Les daba mucha confianza, tenía mucho acercamiento, conocía a sus papás, conocía a sus hermanos, conocía sus casas, comía en sus casas, les daba dinero para el camión, les daba dinero para que faltaran a trabajar, les ayudaba en los estudios, y les daba chance de que pudieran estudiar, trabajar y luego ir solos a entrenar con él en la  cancha de prácticas o en el estacionamiento. Yo creo que le entregó mucho al Club León, a cambio de nada, esa es la realidad”.

El “Pelón” Santillán entiende que su padre se entregó no por la gloria o el dinero, sino por algo más puro y honrado: la satisfacción de ayudar a otros a crecer.

“Yo lo llamo vocación. Yo creo que para ser profesor de un colegio hay que tener vocación, para ser arquitecto, ingeniero, doctor, empresario, hay que tener vocación, y eso a él le sobraba. Esa humildad que él tenía, y ese ser útil a la sociedad y a los seres humanos, que se les entregó y se les dio, fue la principal cualidad que tenía. Él nunca esperó dinero, porque los directivos, como siempre, no tienen la capacidad para observar esas situaciones, nada más les gusta recibir y nunca dan a cambio algo, entonces yo creo que él entregó todo a cambio de nada”.


Foto Somos Campeones

Así pasaron los años, y poco a poco, con la llegada de los tiempos modernos y las directivas nuevas que traían consigo a su propia gente, el “Peterete” dejó de figurar.

“Nadie se preocupó por preguntar cuanto gana, a que horas empieza, a que horas acaba, a cuantos jugadores ha trabajado, como está su familia, como está él, y empiezan a marginarlo un poco. Yo me lo llevé conmigo los últimos años a San Pancho con el equipo de Brujos de Primera “A”, donde además de mi auxiliar era mi estímulo y mi principal fuente de conocimiento de futbol, porque como él no he visto a nadie, ni La Volpe le llega a los talones, ni Matosas le llega a los talones. Los jugadores que me escuchen fácilmente me van a entender, que un técnico tan preparado y capacitado como persona y como deportista no hay ahorita, y ojalá lo hubiera, pero esa vocación que él tenía, pues no le llegamos”.

Finalmente, en 2009, el “Peterete” Santillán sufre una fuerte caída que le rompe la cadera, y entre negligencia y desesperación, termina por fallecer el 21 de septiembre, a los 79 años de edad.

“Se cayó y se dislocó la cadera, entonces pues no hay buenos doctores, sobre todo en el Seguro Social, entonces no lo operaron bien, a los dos meses de tener el yeso se le dislocó nuevamente la cadera y lo tuvieron que operar de vuelta, no quedó bien, hubo una tercera operación y ya desesperado se murió de tristeza, de soledad, de angustia, de desesperación, de como un hombre que estaba desde las nueve de la mañana y hasta las ocho de la noche trabajando, pues ahora estaba postrado en cama sin hacer nada. Es lo más triste”.


Foto Solera Leonesa

Hoy, una década después de su partida, los ecos de su legado todavía resuenan. El Club León se fue a segunda, regresó, fue bicampeón y finalista, pero como dice el “Pelón” Santillán: “A la gente le falta algo, y ese algo es que no hay jugadores de León”.

El orfebre ya no está. Sus ojos cansados y sus manos delicadas se han ido, y los diamantes ya no brillan porque ya no hay nadie que tenga la capacidad de escarbarlos desde las entrañas de la tierra, y ya nadie puede pulirlos y sacarles el alma que llevan dentro. El “Peterete” Santillán se fue, y otro como él no volverá a haber.

“La estadía de mi papá en el Club León fue muy importante. El Club León dependía de él, no él de el Club León. Y hoy se ve manifestado, ya tiene años que el Club León no tiene diez leoneses en el plantel de su primer equipo. (…) Él trabajó mucho para el Club León. Yo creo que dio su pierna y dio su vida, y al final murió entregándose al Club León”.

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