Macías: una historia de amor y venganza

18 Aug, 2019
macias leon chivas
Hugo Huerta

“El día que me conocen, me quieren”, advertía a media semana José Juan Macías, en la entrevista exclusiva que le dio a Fox Sports y al “Ruso” Brailovsky. 

“Me debo a León, me han dado la oportunidad, y yo sí le soy fiel a la gente que me lo fue, entonces en este momento me quedaría en León”, añadía más tarde en esa charla, ante el cuestionamiento de si veía posible un regreso a Chivas.

Después, en el entrenamiento del jueves en el Nou Camp, la prensa deportiva de León se sorprendió al entrar al estadio y encontrarse con un solitario JJ Macías, que entrenaba la definición en una de las porterías del “Glorioso”, minutos antes de que iniciara el trabajo grupal.

Como casi siempre, la opinión pública se dividió. “Tiene otra mentalidad”, gritaron sus defensores, “por eso se va a ir a Europa”; mientras que en el otro extremo, sus críticos apuntaban a la falsedad: “Lo hace para las cámaras”.

Tal vez JJ Macías hable con total sinceridad. Tal vez sean solo palabras para enamorar al aficionado. Tal vez entrene solo antes que todo el grupo para mejorar su imagen ante el ojo público. O tal vez lo haga porque le arde en el pecho el deseo de mejorar y migrar a Europa y ser el mejor del mundo. O tal vez sea un poco de ambas.

De cualquier modo, todos estos detalles quedarían como anécdota si no fuera por un pequeña cuestión: que cuando llegó el sábado y tuvo que medirse al equipo que primero lo crió y luego lo desechó, tomó la pelota con toda la seguridad del mundo, la puso en el punto penal, levantó la mirada, y mandó el balón hasta el fondo de las redes.


Foto Hugo Huerta

En su festejo volteó las manos, como preguntándole a la hinchada rojiblanca que lo miraba con rencor: “¿Qué más podía hacer?”, y después se llevó a los labios el escudo de armas de la ciudad para sellar su historia de amor con un beso.

Para la segunda parte, la escena se repitió. Un nuevo penal a favor, y un Macías enfurecido que no cedió la pelota a pesar de que Ambriz parecía pedir otro tirador. El joven delantero esmeralda no hizo caso a nada, solo al fuego que lo quemaba por dentro, y fusiló a Toño Rodríguez para marcar su segundo tanto de la noche, mismo que volvió a festejar con un beso al escudo.

Así colaboró para sellar una noche mágica, de fiesta y caravana. Macías, como todo el Club León, jugó sin presiones, sin complejos, como el niño mimado que solo busca divertirse, y precisamente esa falta de seriedad casi les cuesta el encuentro en la recta final.


Foto Hugo Huerta

Pero no fue así. La Fiera triunfó por 4 – 3 ante las Chivas del Guadalajara, y coronó 75 años de historia, de pasión y orgullo con una victoria imponente ante uno de sus más acérrimos rivales.

Y por su parte, Macías le puso la última cereza al pastel: “ Cada vez me estoy enamorando más de este club”.

Nos lo había advertido y tenía toda la razón. Este día lo conocimos, y sí, ya lo queremos más.

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