Los conquistadores de Aguascalientes

22 Sep, 2019
angel mena club leon
Club León

Ayer despertaste, tomaste un vaso de agua, un baño, comiste tu desayuno, y en algún punto de tu rutinaria mañana, decidiste acompañar a la Fiera a Aguascalientes para presenciar de primera mano como el Club León sacaría al Necaxa del liderato de la Liga MX.

Hiciste un par de llamadas, y por fin te confirmaron. La salida sería desde el estadio a la 1:00 p.m., “Máximo a la 1:30”, escuchas desde el auricular, así que te das prisa y arribas al Nou Camp un poco después de la hora acordada. Sorpresa, el autobús comienza a avanzar hasta las 2:30 p.m.

En el camión, un viejo y destartalado modelo que evidentemente ya había visto pasar sus mejores años, encuentras una galería de aficionados esmeraldas tan acérrimos y desquiciados como tú; un grupo de amantes de la pelota que le han dedicado su vida al verdiblanco de su corazón, y que al igual que tú, han decidido tirar su sábado en un viaje exprés de apenas una tarde, sin turismo calmado ni paradas para comer, un viaje de “ir, mear en una acera, y volver”, como los bautizaría el periodista español Luis María Valero.

“Este es un viaje familiar”, presume el organizador mientras destapa la primera cerveza de la tarde, y a pesar de la ambigüedad de la declaración, que automáticamente provoca las carcajadas de los presentes, tiene un ápice de verdad, porque de pronto, ese grupo de desconocidos que nunca antes habías visto en tu vida tienen un nombre y un apellido, y al cruzar unas cuantas palabras, descubres que podrán ser muy diferentes en cuestiones como edad, ideas, género o religión, pero todos comparten algo más importante, una misma pasión, y así, en ese viejo camión destartalado, se forma una pequeña familia que durará solo unas cuantas horas.

En esta familia instantanea aparecen multitud de miembros. Abundan los jóvenes entusiastas, pero hay señores y niños esparcidos por igual, e inclusive un viejo revela que solo pasaba por el estadio cuando lo invitaron al partido, y que su bicicleta viaja debajo de nosotros en el compartimiento del equipaje.

Así que pronto inician las conversaciones, y como no, las remembranzas de la final perdida. “Para mí, Mena es un cagón”, dice uno, “¿Cómo vas a dejar una final por lesión? Para mí se cagó”, suelta todavía furioso, mientras que por los ojos y el tono de voz se le escapan nostalgias de lo que pudo haber sido la octava.

En ese mismo tono, entre reencuentros de viejos amigos y pláticas futboleras, entre discusiones por la playera más linda de las que ha usado la Fiera y recuerdos de todas las épocas de gloria de los verdiblancos, así llegas al estadio Victoria, donde no habías estado nunca antes, y que pronto descubrirás que es tu segunda casa.

Porque al entrar, lo primero que te recibe son los cantos de tu hinchada en un estadio semivacío que no parece ser el del superlíder de la Liga MX. En tu rincón, Los De Arriba suenan atronadores, locales, pero miras el resto del recinto y en todos los rincones ves manchas esmeraldas, por lo que te das cuenta de que el verde ha conquistado Aguascalientes.

Y en el campo tus paladines no defraudan. Primero el niño increíble, José Juan Macías, se escapa groseramente por la banda y provoca el 0 - 1, y tras un par de sustos necaxistas, en la segunda mitad el “Chapo” Montes, el líder moral del equipo, le pone un misil teledirigido a Sosa para el 0 - 2.

Pero no podía ser tan fácil, y el líder responde. Marcan uno y luego dos tantos, y el segundo, el del empate, te lo gritan en la cara, apuntandose al escudo que llevan en el pecho, y con muecas de desprecio en el rostro. Y aguantas, porque sabes que esto aún no termina, y siempre el que ríe al último ríe mejor.

Entonces Ángel Mena y el incansable capitán Montes sueltan su magia en los últimos minutos, y ya explotas con furia en las gradas del Victoria. Los que antes se burlaban ahora permanecen impávidos en sus asientos, mientras tú gritas con todas tus fuerzas el “dale, verde, dale” que sella el triunfo.

Así regresas a tu tierra. Dejas Aguascalientes con soberbia, como conquistador orgulloso y feliz de saber que tu tarde no pudo ser mejor. Llegas a León, el viejo saca su bici del compartimiento de maletas y se marcha pedaleando, y todos se despiden alegres, convencidos de que esta magia no es normal, y que solo puede ser parte de la mística de un campeonato.

Te das media vuelta y te vas. Pero el martes tu familia te espera de nuevo, ahora en casa, donde habrá nuevos reencuentros y remembranzas, y donde esperas una nueva victoria que te acerque un poco más a la gloria.

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