La historia que se lleva Roberto Zermeño

30 Oct, 2019
estadio leon nou camp
Juan Rojas

Es complicado explicar como fue que el ingeniero Roberto Zermeño se hizo con el estadio Nou Camp. Durante su gestión en los noventas, separó el estadio de la franquicia deportiva, cambió la razón social de Asociación Civil a Sociedad Anónima, y al final, él era el dueño del patrimonio de todos los leoneses.

Pero en una negociación con el municipio en 2002, se llegó a una solución que lo único que implicaba era tiempo: el ayuntamiento administraría el estadio por 10 años, y al final de ese periodo, el Nou Camp pasaría a ser propiedad del municipio. Así, solamente quedaba esperar.

Y entonces ganó la impaciencia. Fue durante el trienio del expresidente municipal de León, Vicente Guerrero Reynoso (QEPD) que se extingue el fideicomiso antes de tiempo en 2007, lo que le dio entrada a Zermeño para desechar el trato, y luchar por que se le devolviera el inmueble, lo que consiguió por fin hace unos días.

Es por eso que este jueves le será entregado el estadio Nou Camp, y con eso se perderá un legado intangible e histórico que es imposible valuar con números.

Porque el Nou Camp no solo ha sido la casa del Club León, sino que también ha sido testigo de equipos y jugadores históricos que dejaron un pedazo de historia en su campo.

El estadio León, inaugurado en 1967, se estrenó con el Santos de Pelé y el River Plate de Ermindo Onega. Después, recibiría al grupo 4 del mundial de México 1970, que tenía como participantes a las selecciones de Alemania Federal, Perú, Bulgaria y Marruecos. También fue sede del partido de cuartos de final entre la Alemania de Beckenbauer contra la Inglaterra de Bobby Moore, que finalmente ganó la máquina teutona, con Franz, Sepp Maier, Gerd Muller y Uwe Seeler en el campo de juego.

Después, en 1983, el “Coloso del López Mateos” fue sede de los grupos B y C del Mundial Juvenil sub-20, pero la anécdota más grande la dejaría el partido de cuartos de final entre Argentina y Holanda, y donde un jovensísimo Marco Van Basten le anotó un gol a Luis Alberto Islas.

Para 1986, con el regreso de la Copa del Mundo a México, León repitió como sede, ahora del grupo C, con Francia, la Unión Soviética, Hungría y Canadá como participantes, pero donde el duelo entre franceses y rusos brillaba como estelar, pues ese juego tuvo a cuatro balones de oro en la cancha: Michel Platini y Jean-Pierre Papin del lado galo, y Oleg Blohkin e Igor Belanov del lado soviético. Terminaron empatados a unos.

Después, en octavos de final, el Nou Camp recibiría de nuevo a la URSS, ahora contra la Bélgica de Jean Marie Pfaff, y que resultaría un partidazo que se llevaron los belgas por 4 – 3.

Ese fue el último partido mundialista que se jugó en León, pero no fue el final de su legado. A principios de los noventas, la Juventus de Turín jugó un amistoso contra los esmeraldas, y después el Vasco da Gama de Romario derrotó a la Fiera en su campo con gol incluido de “O Baixinho”.

Para el León, el Nou Camp se convirtió en su bastión de esperanza. En sus paredes, el equipo forjó sus últimos tres campeonatos de liga, disputó sus primeras competencias internacionales como la Concachampions o la Copa Libertadores, y vio consagrarse a leyendas como Milton Queiroz “Tita”, Rafael Márquez o Mauro Boselli.

Eso es lo que pierde el Club León, y eso es lo que reclamará Roberto Zermeño este jueves. El sudor, el esfuerzo y la ilusión acumulados en más de cincuenta años de historia.

Pero por lo menos, en el horizonte se levanta poco a poco un nuevo recinto, una nueva catedral para el futbol leonés, donde los chicos guanajuatenses sueñan con ver jugar a sus ídolos, y donde esperan ver a su Club León campeonar una y mil veces más.

Pero todavía no es una realidad, y mientras esperamos, habremos de soportar al ingeniero Zermeño como nuevo dueño del estadio, y como un nuevo e incómodo personaje dentro del día a día de los esmeraldas.

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