La carta de Nacho Ambriz a un año de su llegada

18 Sep, 2019
nacho ambriz club leon
Univisión

Hice un buen año en Necaxa. No clasificamos a la liguilla, pero no nos metimos en problemas de descenso y fuimos campeones de copa. El proyecto iba en ascenso, y en Necaxa, mi casa, pues sí me dolió que me cortaran.

Pero yo sabía que tendría una revancha. No sabía cuando, pero la tendría. Era septiembre de 2018, y me llegó la llamada de Fassi. No la esperaba tan pronto, la verdad, pero asumí la responsabilidad con gusto y responsabilidad.

Me presentaron en la mañana del miércoles 19 de septiembre, cuando todavía no habíamos cerrado todos los detalles de mi contrato. Pero no había problema, ya arreglaríamos todo, yo lo que quería era entrenar.

Y al principio fue difícil. Me decían defensivo, me decían ratonero, me tachaban casi casi de cobarde. “Siempre me toca ir contracorriente”, dije en aquella ocasión. Y sí, estaba acostumbrado. No es que me gustara, pero estaba acostumbrado, si hubieran visto en América como me tundían...

Pero además el inicio no me ayudó. León me recibió con una tromba en mi debut contra Lobos. Era para ganar ese juego, pero no se pudo. Al final Leo Ramos, metió el gol de la victoria y me llamó la atención, como que me gustó porque le echó ganas. Perdimos 0 – 1 y la gente me comía vivo.

Yo quería la copa. Todos queríamos la copa. La liga no estaba perdida, pero queríamos la copa. Llegamos a semifinales con Cruz Azul, pero nos sacaron el empate y fallamos los penales. Los fanáticos se le fueron a la yugular al paraguayo, pobre Walter, y el muchacho ya no levantó, una pena. Después quisimos alcanzar a meternos en el octavo, pero ya no pudimos levantar.

Así terminé mi primera temporada en León, sin liguilla, sin copa, y todavía con el problema de Mauro. Yo lo hubiera querido, ¿quién no hubiera querido a 130 goles en su equipo? Pero pues se metió en un toma y daca con la directiva, y ahí ya no me pude meter.

Donde sí me pude meter es en el plantel, en los líderes del grupo. Les transmití mis ganas de revancha, el espíritu de lucha. El “Chapito” me apoyó y el grupo se cerró conmigo. Me traje a Mena, a Rubens. Nadie apostaba por nosotros, pensaban que estábamos muertos, y tal vez sí, pero caray, todos queríamos revivir.

Y vaya que lo hicimos, todos juntos, como familia. Doce victorias consecutivas, hasta un mural nos pusieron en el estadio. Todos dicen que les callé la boca, que se equivocaron conmigo, y no me gusta presumir, pero chingao, que bien se siente.

Y lo que dije no es mentira. De todos modos lo cambiaría todo por haber ganado el título. Me quitaron a Macías para el mundial, pero tampoco es que pudiera cortarle las alas al chamaco. Yo lo viví, y no podía hacerle eso. Al final el “Tuca” se me encerró en el Nou Camp y ya no pudimos. Ni modo, así es la vida.

Pero ahora tenemos buen equipo. Ya me traje al chico Ramos, y me traje también a Sosa, que se ve que también quiere su revancha. Ya aprendimos, estamos todos más maduros, y no queremos nada que no sea el campeonato.

Y a ver si van conmigo, León me cambió la vida. Soy más feliz que nunca aquí en el Bajío. Un año después de mi llegada la gente ya no me insulta, sino que me piden autógrafos y me agradecen. Yo les quiero dejar algo, la octava. Ese es mi objetivo, tenemos el equipo y tenemos la mentalidad. Y ojalá que lo podamos cumplir.

* Estas líneas son ficticias, pero bien podrían representar el sentir del técnico esmeralda tras su primer año al frente de la Fiera.

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