El de ida fue entre golpes y frustración

28 Nov, 2019
leon morelia cuartos
AS México

Tres veces tuvo el Club León la ventaja en el marcador, y tres veces se dejó empatar. Tres veces sintió el aficionado que el partido estaba a modo, que la victoria estaba cantada y que el resto del partido sería solo trámite. Y tres veces el Monarcas Morelia les demostró que estaban equivocados.

Porque pareció que la noche de este miércoles en Morelia lo peor que le pudo pasar al Club León fue irse adelante y tomar ventaja. Cada que los verdes lograban perforar la meta contraria, bajaban las revoluciones, se convencían de la victoria , y comenzaban a pelotear.

Al contrario, los Monarcas, subestimados y ofendidos, sacaban pecho ante la adversidad, y corrían el doble y gritaban el triple hasta que alcanzaban el área y se imponían ante la endeble defensa esmeralda.

El problema fue el conformismo, esa satisfacción y calma que te invade cuando te sabes superior a tu rival. Porque el León, hombre por hombre y en calidad individual, es superior y tendría que arrasar a este Morelia. Así lo hizo cuando se vio obligado a acelerar, pero no pudo mantener el ritmo los noventa minutos, y en el lapso final se salvó de haberse traído una derrota del Morelos.

Y mientras, el contrincante creció ante la adversidad. Tal vez les faltaría talento, pero pusieron oficio. No les importó acudir a la violencia para cortar la magia verdiblanca, plagaron el campo con faltas y golpes, y pasara lo que pasara, no se dejarían humillar.

La Fiera se frustró ante la batalla, y comenzó a desesperar. Por eso empezaron los errores, y poco a poco, sin saberlo, se comenzaron a encerrar. El conformismo, su enemigo máximo, se volvió a hacer presente, y ya la misión era mantener el 3 – 2, y no buscar el 4 – 2. Entonces se sentenció el partido.

Morelia jugó su juego. Se escondieron en su gente, en el grito y la suspensión, y sacaron lo que más necesitaban: tiempo. Ahí encontraron el oasis de la vida en un gol desesperado, y se toparon con un empate que no les da nada más que esperanza.

Así, entre golpes y frustración, regresa el Club León a su casa.

Quizás sea lo mejor. Quizás el coraje de haber caído en la trampa purépecha les incendie el alma y les infle el pecho. Quizás a los verdes les arda el corazón y les duela el orgullo. Y quizás quieran sacarse toda la bronca arropados por 30 mil lunáticos que estarán más desbocados que todo Michoacán.

Aquí, este sábado se acaba todo. Ya no hay lugar para medianías o conformismos. Ahora solo queda matar, porque morir ya no es una opción. Ya la Fiera debe reconocerse, y recordar que entre lesiones y expulsiones y trampas, ahí es cuando los campeonatos se acaban de forjar.

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