El cuento de hadas terminó en tragedia

01 Dec, 2019
derrota club leon
Manuel Sánchez

Entonces todavía no lo sabíamos. El 2019 apenas comenzaba, y pintaba para ser desastroso. Los seguidores esmeraldas veían con desprecio un torneo en el que el fracaso estaba asegurado, sobre todo con Ignacio Ambriz al mando de la nave verdiblanca. Veníamos de dos torneos sin liguilla, de un 2018 insufrible donde Landon Donovan y Gustavo Díaz se encargaron de robarnos la fe.  Pero entonces no lo sabíamos, que los triunfos y el honor nos esperaban ansiosos.

Por eso a todos nos sorprendió cuando comenzó la epopeya. Tras un inicio dubitativo, el equipo inició a ganar. Comenzó en la jornada 4 del Clausura 2019, y ya no volverían a perder en once partidos más. Entonces nos dimos cuenta, finalmente comprendimos que éramos parte de un cuento de hadas, una historia de ficción donde no existía la maldad, ni la tristeza, ni la desesperación. Donde el Club León era invencible, y la gente volvía a su estadio, y la Fiera se erigía nuevamente como el máximo dominador del futbol mexicano, como lo fue hace no tantos años.

Entonces llegó el clímax de la historia, el nudo de su narración: la final frente a los Tigres, donde todo se debía redondear para levantar un título que sería mitológico y provocador. Esa copa demostraría que el León regresaba a la cima, y que el cuento de la Cenicienta por fin tendría su final feliz.

Pero el autor, cruel e inmoral, tenía otros planes. El cuento no terminaba en felicidad para siempre, sino en el dolor y sufrimiento que ya habíamos olvidado. Perdimos la final, y nos quedamos con doce victorias que solo sirvieron para adornar la cabecera del estadio.

De cualquier modo fuimos tercos, y la fe nos obligó a pensar que nuestro cuento no había acabado. Ya con la esperanza acomodada en nuestros corazones, quisimos creer que la final perdida solo era el intermedio de una novela más larga, una novela total que abarcaría todo el año calendario, todo el 2019 que dominaríamos de principio fin.

Se incorporaron nuevos personajes. Ismael Sosa, Leonardo Ramos, Jesús Godínez y Jown Cardona nos ilusionaron con un proyecto literario inimaginable, que ahora sí nos daría la felicidad eterna y el goce máximo del campeonato en su desenlace.

Tuvimos signos de alerta en el camino, lesiones y resultados que no iban acorde con el potencial del equipo. Pero estábamos completamente convencidos de que todo era para bien. “Ya lo ganamos todo, y no nos sirvió de nada”, dijimos. “Ahora tenemos más experiencia, más colmillo. Ahora sí vamos a ganar”.

Finalmente, a tumbos y tropiezos, terminamos el Apertura 2019 como el mejor equipo de todo el año. Nadie hizo más puntos, anotó más goles ni ganó más partidos que el Club León. Fue un dominio total, tiránico, pero que se desmoronó a las primeras de cambio.

El destino nos emparejó con Morelia, y creímos que el camino estaba dado, que no había manera de que no llegáramos a las semifinales, y que la Monarquía no podría enfrentarse al imperio esmeralda. En esa desestimación estuvo nuestra ruina. El León cayó víctima de su propia confianza y su propio egoísmo. Se fue cuatro veces al frente en el marcador, y cuatro veces se dejó remontar.

Y para hacer el final más despiadado y brutal, nos dieron un último gol mentiroso que nos llevó a soñar, y un tiro al palo que nos detuvo el corazón.

Ahora, un día después, sabemos que nunca fue un cuento de hadas, y que nunca fuimos la Cenicienta destinada a vivir el resto de sus días entre dicha y felicidad. No. Fuimos más bien una tragedia griega, un Edipo condenado a destruir a su familia y a arruinar su legado, solo por el ego de anhelar venganza.

Ayer, a pesar de dudar un poco, Ignacio Ambriz terminó por reconocer que todo fue un fracaso. “De nada sirve si no conseguimos un título”, dijo. Y tiene toda la razón. El 2019 será anecdótico y olvidado, porque solo las estrellas perduran en el tiempo.

Ya solo nos queda tragarnos la derrota y escupir nuestra miseria. Porque una nueva historia comienza en 30 días, una página en blanco donde podremos hacer nuestra propia narrativa, y llevar nuestras andanzas por donde se nos dé la gana. Volveremos a viajar por el continente, en busca del primer título internacional de nuestras vidas.

A pesar de los fracasos, de las derrotas y la desilusión, la fe ya se ha plantado dentro de nosotros, y hoy, con el futuro por delante, soñamos con un 2020 que no sabemos como, no sabemos cuando, pero que estamos completamente seguros de que será nuestro.

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