Club León: un debut lleno de grandeza

20 Aug, 2020
club leon fundacion 1944
El Heraldo de León

Todo comenzó la tarde del domingo 20 de agosto de 1944. Un incipiente equipo llamado Club León debutó en la Liga Mayor de Futbol, y contra todo pronóstico, derrotó por 5- 3 al poderoso Atlante de Horacio Casarín en el estadio de beisbol “Patria”.

La historia del nacimiento del Club León la hemos escuchado miles de veces, la sabemos de memoria y la repetimos hasta el cansancio. ¿Pero qué es lo que en realidad esconde el debut profesional del Club León? ¿Qué tan significativa fue para la ciudad la aparición de un equipo de futbol en la Liga Mayor? ¿En realidad fue una gran hazaña el haber derrotado a aquel Atlante?

Esta es la historia del primer partido de futbol profesional que jugó el Club León en toda su historia y que fundamentó los 76 años de grandeza, triunfos y gloria que vinieron después.


Foto Solera Leonesa
 


LA PREVIA: El origen del Club León
 

A pesar de que el Club León debuta aquel 20 de agosto de 1944, su origen viene de varios años atrás, concretamente de 1942, cuando la Selección Guanajuato se proclama campeona del torneo nacional, y cumpliendo una promesa que él mismo había hecho, el entonces gobernador de Guanajuato, Enrique Fernández Martínez, ordena la construcción de un nuevo estadio en León, exclusivo para la práctica del futbol.

Pero entonces había una encrucijada, porque León tendría estadio, pero no tenía equipo profesional. Debido a ello, directivos del Unión de Curtidores y otros empresarios y benefactores comienzan a urdir un plan para inscribir a la Unión de Curtidores en la Liga Mayor, lo que finalmente sucede en 1944, pero antes del debut en liga, ese equipo, que aún no era el Club León, sino un conjunto conocido como Unión-León, juega la Copa México en mayo de 1944, donde es completamente vapuleado por sus rivales.

Esta historia la recuerda el periodista e investigador Luis Alegre, que hace énfasis en que el pésimo torneo de copa dejó al naciente equipo y su afición muy mal parados.

“Viene ese primer equipo, que no es el Unión de Curtidores, sino un híbrido que solo dura esos partidos de copa, que es el Unión-León, que no es otra cosa que adaptar la idea original del Unión de Curtidores a ponerle el nombre de la ciudad para una mayor identificación, y justamente lo que genera este torneo de copa es esa sensación de que están destinados al fracaso, de que no les va a alcanzar para dar el brinco al pasar del plano amateur a competir con los llamados grandes”.

En el torneo de copa, el Unión-León perdió sus cuatro partidos, dos frente al Atlas por  5 – 1 y por 2 – 1, y dos contra Chivas por 6 – 2 y 8 – 2. Fue el peor equipo de la competencia, con cero puntos, seis goles a favor y 21 en contra. El experimento había fracasado drásticamente, pero esto llevó a los directivos a una conclusión lógica: debían reforzar al equipo.


Foto Solera Leonesa
 

“Esa sensación de fracaso y de miedo a no dar el brinco, es lo que los lleva a todos esos promotores del equipo para el profesionalismo, a crear una nueva franquicia que sería el Club León, y abrir sus puertas a otros benefactores, a otros colaboradores, pues porque era una carga económica importante, y se dieron cuenta de que había que reforzar el equipo. Hacen una cooperación y juntan el dinero suficiente para ir por un primer paquete de jugadores, de cuatro argentinos”.

Esos cuatro argentinos eran Miguel Rugilo, Antonio Battaglia, Marcos Aurelio y Ángel “Che” Fernández, todos con pasado por Velez Sarsfield, con proceso en selección argentina, y con mucha experiencia, quienes llegarían para darle un salto de calidad a la naciente escuadra esmeralda.

“Hay que ver quienes eran los argentinos que trajeron, porque no eran cuatro tipos que sacaron de un pueblito en Argentina, sino que eran tipos de los más fogueados, habían viajado en giras internacionales, eran tipos que ya habían visto mundo, que estaban acostumbrados a jugar en un país donde la palabra 'pasión' se queda corta, entonces en una cancha así, en un escenario así, permite entender como no se arrugaron ante la expectativa, como no les sobrepasó el temor de la gente al fracaso”.

Sin embargo, la realidad era que ni siquiera ellos sabían a donde se habían metido. Traídos desde la Argentina, los cuatro extranjeros no conocían nada de León, mucho menos de Guanajuato, y don Fernando Battaglia, hijo de don Antonio, revela que algunos incluso estaban demasiado desorientados.


Foto Familia Battaglia
 

“En esa época, pues no sabían a donde iban a venir. Les decían 'León', y no sabían. Rugilo pensó que era playa. Entonces cuando llegan a León, llegan en la tarde, se van a un hotel en el centro, se van a dormir, y al día siguiente se despierta con el traje de baño, y pregunta: '¿Para donde está la playa?', '¿Cuál playa? La playa más cercana está a kilómetros de distancia'. '¿Qué no es playa?', 'No, no es playa', le dijeron”.

Los argentinos llegaron apenas una semana antes del debut en la Liga Mayor, y se hospedaron en el Hotel México. Venían a la aventura, a un equipo recién fundado, sin saber que esperar. El propio Battaglia no tenía un plan a largo plazo, pues su intención era estar solo un año en México, juntar el dinero suficiente para comprar una casa, y regresar a su país natal.

Pero la historia tenía otros planes, y todo comenzó un 20 de agosto...


EL DEBUT: A derrotar al Atlante
 

El domingo 20 de agosto de 1944, el Club León, ya constituido en la institución que es hasta hoy, debutaba frente al Atlante, el equipo del General Núñez, que ya había sido campeón de la Liga Mayor, que estaba plagado de estrellas, y que parecía asegurar una derrota inevitable para el nuevo equipo del Bajío.

De hecho, el periodista deportivo don Blas Barajas, que cuenta hoy con 98 años de edad, todavía recuerda a ese Atlante, y confirma en entrevista para Fieramanía que era un equipazo.

“Atlante era uno de los mejores conjuntos capitalinos. Terminó tercer lugar esa temporada. Traía en sus filas a jugadores de la talla de Sanjenis, Casarín, Vantolrá, “Potrillo” Villavicencio, “Peluche” Ramos y otros. Sí, era de los mejores”, recuerda.

Por su parte, Luis Alegre precisa que en León ya conocían al poderoso Atlante de Horacio Casarín, y que los aficionados leoneses sabían que era un equipo cuasi imbatible.

“Aquí ya habían visto jugar al Atlante, habían venido a jugar amistosos años atrás contra el Curtidores y contra el Atlas de León. Hay un juego que empatan, en otros gana el Atlante, pero nunca le habían ganado a un equipo capitalino; un equipo amateur de León nunca le había ganado a un equipo capitalino. Entonces de ver al Atlante, que ya sabíamos que era un equipo fuerte, sale un equipo León que se lo come noventa minutos, un equipo que nunca habías visto, y resulta que es una verdadera fiera”.

Ante ese equipo de época, los verdes debían iniciar su historia, y aunque el León era un conjunto nuevo y con pésimos antecedentes, la gente los acompañó desde el primer minuto. Así lo recuerda don Blas Barajas

“La ciudad fue una antes del equipo León y otra después. La gente parecía saberlo pues el ambiente que envolvió el partido inaugural el 20 de agosto de 1944 es sencillamente indescriptible. Camiones procedentes de todos los barrios de la ciudad vomitaban gente a raudales frente o cerca del Estadio Patria. Aficionados viajaban colgados a los estribos de los camiones urbanos. A las 10.30 de la mañana las tribunas estaban a reventar. Hubo necesidad de poner filas de sillas alrededor del campo de juego para acomodar más aficionados. De todos modos, muchos se quedaron fuera. El “León” y su fama más allá de las fronteras, obligó a la ciudad a crecer a grandes pasos”, afirma.

Luis Alegre también hace énfasis en que el ambiente en el Estadio Patria fue algo que nunca se había visto en la ciudad.

“Con un equipo que era taquillero como el Atlante, va a dar pie a la leyenda de que ponen sillas en torno a la cancha, a centímetros de la raya de cal, algo que sin duda le da otro toque al juego. Incluso he leído en alguna parte que el Atlante estuvo a punto de negarse a jugar por el riesgo que implicaba que la gente estaba, literal, al borde de la línea. Debió de haber sido un infierno para los visitantes, que los fanáticos estuvieran soplándote en la nuca”.


Foto León 400
 

Los propios argentinos se extrañaron de jugar en un campo de beisbol, algo que nunca habían visto en su país, aunque rápidamente se adaptaron al ambiente que provocó la afición leonesa, como apunta don Fernando Battaglia.

“Él comentaba que en Argentina no había beisbol, y la cancha del Patria pues era una cancha de beisbol, y lo tuvieron que adaptar a futbol, y a él se le hacía extraño jugar en una cancha que era de beisbol adaptada a futbol, y le llamó mucho la atención que se llenó, y que le habían comentado que se iban a enfrentar contra un equipo muy popular que tenía a un jugador que posteriormente se haría amigo de él y que fue mi entrenador, Horacio Casarín, que era el goleador, el crack de México, la gran figura; y que se iban a imaginar que el primer partido, la primera franquicia, contra el Atlante, y que le ganan, se llevaron su goleada a México”.

Así que todo estaba puesto. La gente abarrotó el estadio, y los jugadores estaban en el campo. Don Blas Barajas apunta que ese día él también debutó como periodista, pues acudió como enviado especial del semanario “Sports”, y recuerda como el general Núñez despotricaba porque su Atlante jugaría en esa cancha improvisada. Había miedo, excitación y ansias, pero el Club León demostró que literalmente había nacido grande.

“Cuando llega ese domingo 20 de agosto de 1944, pues es evidente que hay una expectación inédita. Es un hecho sin precedentes ver a un equipo de León que llega a la máxima instancia, pero es un equipo que nunca nadie ha visto, nunca han jugado formalmente, nunca han jugado un amistoso, nadie los ha visto alinear, y nadie conoce a los argentinos, salvo como los extranjeros que acaban de llegar a una ciudad que tampoco estaba acostumbrada a ver gente de otros países en sus calles. Entonces, de no conocerlos, de no haberlos visto nunca jugar, de nunca haber jugado nunca juntos, pues ahí está la magia. En ese juego, donde todo mundo tiene miedo de lo que pueda pasar, sale un equipo que nunca han visto, que nunca ha jugado, y resulta que es una aplanadora  y le pone una goliza a un equipo que es referente en el amateurismo en México, como es el Atlante”, explica Luis Alegre.

Desde el primer minuto de juego, Ángel Fernández, a quien también apodaban “El Viejo” porque llegó a León con 29 años cumplidos, anotó el primer gol de la historia del equipo. Después Marcos Aurelio marcaría otras dos veces, mientras que Pablo “Chancharras” Pérez y Abel Ramírez completaron la primera goleada verdiblanca por 5 – 3. Por el Atlante, Rafael Zeledón, Martín Vantolrá y Horacio Casarín descontaron.


Foto Solera Leonesa
 

“Imagínate la excitación en el estadio Patria  de ver surgir un equipo que al minuto dos ya iba ganando, y que termina goleando. Debió haber sido una excitación tremenda, una efervescencia que no conocían al vernos ganadores, esa sensación de poderío, de que estabas viendo un equipo imparable”, acota Luis Alegre.

La ciudad se perdió en júbilo, y no hay palabras que puedan describir lo que sintieron los aficionados leoneses con ese debut.

“Sorprendente es poco. Un huracán emocional es más a tono. Lo más extraordinario era no solo llegar a ver un espectáculo de primera, sino sentir que la ciudad de León contaba por fin con equipo de Liga Mayor. Nadie esperaba un triunfo. El León había sufrido recientemente, en la Copa, a vía de prueba, dos golizas espantosas ante Atlas y Guadalajara. La victoria de 5 a 3 del León sobre el Atlante resultó increíble, inesperada, difícil de asimilar. La cuarteta argentina de Rugilo, Battaglia, Aurelio y Fernández habían convertido a un modesto equipo en una poderosa escuadra”, abunda Blas Barajas.

Y Luis Alegre complementa que la sensación que dejó el equipo fue una de grandeza y poderío.

“Hay crónicas en las que narran como se llevan a los jugadores en hombros hasta la plaza en ese ánimo de celebrar, pero tiene que ver con este estupor de ganar, pero ganar con esa sensación de poder, de pasar de un equipo al que vapulearon feamente en la copa, a un equipo que llega y cachetea al primero que se le pone enfrente”.


POST-PARTIDO: El futbol cambió la ciudad para siempre
 

Tras el debut y la contundente victoria contra el Atlante, la ciudad no volvió a ser la misma. Los leoneses se entregaron completamente a su nuevo equipo, y el equipo les respondió con resultados en la cancha.

“León revolucionó a la liga mayor. Terminó en cuarto lugar esa primera temporada, tercero la segunda, debió conquistar su primer título en su tercera, pero la fiebre aftosa se lo impidió. Campeón en su cuarta, campeonísimo en su quinta, una hazaña que ningún otro equipo ha realizado en la historia del fútbol profesional”, acota don Blas Barajas.

De hecho, la fiebre por el futbol en León provocó no solo el éxito de la escuadra esmeralda, sino también el surgimiento del San Sebastián y la construcción de dos estadios profesionales de concreto, algo inédito en ese entonces en México.


Foto Tribuneros
 

“El 20 de agosto es el debut, y el 10 de diciembre de ese mismo año ya están estrenando un nuevo estadio de futbol, el Enrique Fernández Martínez. De la noche a la mañana hay dos estadios en la ciudad, pero no solo eso, en esa misma efervescencia se va cocinando el San Sebastián para el torneo siguiente, y además empieza a construir su propio estadio, estás hablando de tres estadios en la ciudad, y además, dos de ellos, el Fernández y la Martinica, eran de concreto, y en ese momento en la Ciudad de México, no había un estadio de concreto, jugaban en el Parque Asturias y el Parque España, que eran de madera, y los únicos estadios de concreto que había en el país eran el de Irapuato, el Revolución, donde no tenían equipo en Liga Mayor, y los de León”, dice Luis Alegre.

Al final, el nacimiento del Club León es una hazaña que no se ha dimensionado en su totalidad. Fue un equipo desconocido que salió de la nada para dar un golpe de autoridad y demostrar que no serían escalón de nadie. Un equipo que desde el primer minuto presentó la que se convertiría en su identidad a lo largo de 76 años de historia: futbol ofensivo, atacar siempre, y anotar un gol más que el rival.

“Nada va a igualar el impacto del Club León, no solamente en León, en donde vamos a enloquecer, sino el impacto que causa en el país un equipo que de nacimiento tiene una identidad ofensiva, un equipo que cobra una identidad que nadie esperaba, y que resulta además agradable para todos. Es una identidad que se va a ir puliendo hasta el primer bicampeonato, de una identidad en la cancha que es reconocible y es nombrable” finaliza Luis Alegre.

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