Así era el Gustavo Matosas que dirigió a León

23 Oct, 2019
gustavo matosas leon
Club León

Han pasado cuatro años desde su último encuentro. En aquella ocasión, el 31 de octubre de 2015, el Club León lo derrotó por dos goles a uno, y ese resultado significó su destitución del Atlas. Así se despidió Gustavo Matosas de León, y exactamente cuatro años después, equipo y entrenador vuelven a cruzar sus caminos.

Por eso, para entender mejor la figura del último técnico que hizo campeón al Club León, incluso por partida doble, contactamos a uno de sus pupilos, un tipo que presenció de primera mano el “Matosismo”, y que aún recuerda los regaños y los gritos de aquel uruguayo histérico.

Se trata de Julio Ceja, quien vivió el primer año de Gustavo Matosas en León, el del ascenso y las semifinales ante Tijuana, y quien presenció el origen de una historia que se volvería mítica en el Bajío.

Sin embargo, por más romántico que parezca el cuento de Gustavo Matosas y el Club León, Ceja comienza por atribuir el éxito del uruguayo a un aspecto mucho más simple y terrenal: el trabajo duro.

“Gustavo Matosas era, en cuestión trabajo, muy repetitivo, sobre todo en la pelota parada. Es un entrenador que hace mucho énfasis en ella, que trabaja mucho el balón detenido, los tiros de esquina, los tiros libres directos e indirectos, practica mucho con sus pateadores. Durante la semana tiene un trabajo bastante interesante, que lo exige con la máxima dinámica, y que yo, según lo que entiendo, era lo que el equipo León de Gustavo Matosas jugase de esa manera, con esa velocidad y con esa intensidad”.

El aspecto elemental del León de Matosas era el sacrificio y la intensidad, herramientas que se ocupaba de fomentar en los entrenamientos del día a día.

“Con Gustavo sabíamos todos que en cada entrenamiento ibas a tener una exigencia a tope. Eran entrenamientos cortos de tiempo, no más de dos horas, pero con la máxima intensidad. Sabíamos que es un entrenador que siempre te iba a estar exigiendo el máximo, que te iba a pedir que entregaras todo. Pero fuera de la cancha tenía buenos detalles, normalmente tenía un desayuno que había pagado él, y por lo menos una o dos veces a la semana invitaba un desayuno, y platicaba más que como jugador, como amigos”.

Y es que Gustavo sabía transmitir las características de su personalidad. Serio, intenso, fuerte, esos eran los valores que lo habían guiado por la vida y por el futbol, y eran esos mismos valores los que se veían en su equipo.

“Gustavo era un reflejo en el día del partido de lo que era en las prácticas. En los momentos en que se le veía más tranquilo era en la charla previa, tenía charlas muy breves, no más de diez minutos, porque trabaja mucho durante la semana y trataba de que los detalles quedaran listos el día del partido. Entonces la charla era más bien para activar el orgullo, ver que el equipo estaba enfocado, y salir al partido concentrados. Al medio tiempo también era un tipo muy tranquilo, muy analítico, normalmente no regañaba a nadie al medio tiempo, pero durante el partido, siempre lo vivió en la banca con mucha intensidad”.

Pero su carácter fuerte también le jugaba malas pasadas. Por eso siempre esperaba a serenarse, por lo menos hasta la plática del lunes, cuando ya exponía sus ideas correctamente digeridas.

“Normalmente el regaño venía el lunes, que se hacía un resumen de lo que había sido el partido. De plano tenías que haber hecho un muy mal desempeño para que ahí mismo en el partido le llamara la atención a alguien, normalmente no lo hacía. Casi nunca me tocó ver un regaño de Matosas al medio tiempo o al final del partido”.

Porque podía ser duro y estricto, pero nunca injusto, y el grupo entendió que en el campo eran todos iguales, y solo el mejor podría destacar.

“Es un tipo muy temperamental, pero lo que lo caracteriza y lo identifica es que era igual con todos, no le importaba. De pronto hay entrenadores que respetan las jerarquías, que decían: 'A este sí le puedo gritar, a este no', y Gustavo le gritaba al que le tuviese que gritar”.

Esto le dio a Matosas la fama de ser un técnico motivador, no tan ductil en las cuestiones tácticas, pero muy eficiente para sacar lo mejor de sus jugadores.

“Gustavo es más motivador, es cierto. Cuando yo lo tuve de entrenador él siempre les jugaba espejo a los equipos contrarios, es decir, si le jugaban con línea de cinco él metía línea de cinco, si le jugaban con línea de cuatro, salía con línea de cuatro, esto para generar mano a manos y duelos personales. El profe te hablaba mucho del jugador posible que te tocaría el día del partido, insistía en que tú eras mejor, que podías sacar diferencia, ganar. Pero también es cierto que trabajaba mucho, el que el equipo jugara como llegó a jugar en determinado momento sí es producto del trabajo de Gustavo”.

Así se congregaron todos los ingredientes para formar un equipo ganador. El Club León, desde su entrenador hasta cada uno de sus jugadores, tenía hambre de gloria y ganas de comerse al mundo, y en cada juego y en cada minuto que la pelota estuvo en movimiento, lo demostraron así.

“Todo se dio en ese momento para que el equipo fuera exitoso. Hubo un León con hambre, con jugadores que querían revancha como el “Chapo”, como el “Gullit”, y muchos jóvenes que buscábamos destacar, salir adelante, porque en otros clubes más importantes quizás, no lo habíamos logrado. Entonces se dio todo, una generación humilde que aceptaba el trabajo que Gustavo nos ofrecía, que aceptaba la enseñanza y las formas de cómo hacerlo, y ayudó mucho que era un equipo joven y dinámico para desempeñar lo que el profe nos pedía”.

Así llegaron los triunfos. Una época dorada, el bicampeonato, la Copa Libertadores. El León era el mejor equipo de México y Matosas el mejor entrenador. Pero justo ahí, sin que nadie pudiera advertirlo, vino la caída, y el América, el gran rival esmeralda, se lo llevó.

“Creo que Gustavo ya había cumplido un ciclo en León, pero en mi punto de vista, se equivoca al irse de esa manera. Quizás pudo haber sido más honesto, aunque de cualquier manera a la gente no le hubiera gustado, hubiese sido lo mismo. Pero creo que en ese momento tenía que tomar esa decisión, tenía que tomar ese riesgo, independientemente de la comparación entre América y León, pues a cualquier entrenador le atrae la posibilidad de llegar a dirigir a un club como América que es polémico, que es el más ganador, entonces creo que Gustavo hace bien en asumir el reto, pero no así las formas”.

Y ya nada fue igual. Se marchó a América, a Atlas, dejó México, deambuló por Arabia Saudita, Paraguay, Argentina y Costa Rica, y hoy ha regresado a suelo azteca para dirigir al San Luis, pero el único factor en común es que nunca en ninguna otra plaza ha vuelto a replicar los éxitos que consiguió en el Bajío.

“Tiene que volver a encontrarse, creo que como todo ser humano, tiene que hacer un examen de introspección y pensar en qué ha modificado o que ha hecho distinto que no le ha salido. Al final del día, también cada estilo va acorde a los jugadores que puedas tener, y el estilo de Gustavo Matosas requiere jugadores muy veloces, muy dinámicos. Quiero pensar que los clubes a donde ha ido, no ha tenido este tipo de jugadores que puedan ayudarle a potenciar lo que él transmite desde la banca.  Creo que no le han tocado los planteles adecuados, ahora con San Luis lo invitan al proyecto, y tendrá la posibilidad, a lo mejor el torneo que viene, de armar un equipo como a él le gusta”.

Por lo pronto, este sábado estará de vuelta en el Nou Camp, pero ahora al frente de un San Luis envuelto en la polémica, y con una afición que a cada oportunidad corea el nombre de su antecesor. Los tiempos cambian, y Gustavo Matosas espera volver a encontrar en el Alfonso Lastras la furia y el estilo que lo caracterizó.

Al contrario, en León, Ignacio Ambriz ha retomado su discurso, y los verdes navegan aguas tranquilas, con la esperanza de volver a celebrar un campeonato este mismo diciembre.

Pero a pesar de que la actualidad los ha separado diametralmente, es imposible no soñar con un eventual reencuentro, y revivir las pasiones que Gustavo Matosas nos despertó en el pasado. Aunque Julio Ceja es cauto, y advierte que quizás sea mejor vivir en el recuerdo.

“Yo creo que las segundas partes nunca son buenas. Veo muy complicado que Gustavo vuelva a dirigir en Grupo Pachuca por como se dio su salida, pero la verdad es que cualquiera que menciona el nombre de Matosas, sobre todo en León, nos gustaría volverlo a ver dirigir pensando en que se pudiese dar nuevamente un equipo como el que nos regaló el tiempo que estuvo al frente de la institución. Pensando en la historia siempre será grato pronunciar ese nombre, pero después, analizándolo objetivamente, yo creo que no sería lo más adecuado porque tiene un lugar ya imborrable que no tiene necesidad de arriesgar por una segunda etapa”.

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