Ángel Fernández: Todo por el Club León

20 Aug, 2020
angel fernandez club leon
Especial

Era agosto de 1944. La directiva del naciente Club León, estaba preocupada porque el Unión-León que había debutado en mayo en la Copa México había sido vapuleado tanto por el Atlas como por el Guadalajara, así que necesitaban refuerzos de peso.

Fue entonces que hicieron una cooperación, juntaron un presupuesto decente y buscaron a José Manuel Noguera, un exfutbolista argentino que sin quererlo funcionaba como promotor al recomendar futbolistas de su país para los equipos mexicanos.

Gracias a él, llegarían a León cuatro refuerzos que harían historia con el equipo esmeralda, y que se convertirían en leyendas de la institución: Miguel Rugilo, Marcos Aurelio, Antonio Battaglia, y Ángel “Che” Fernández.

Y aunque los cuatro tuvieron un rendimiento excepcional con el cuadro verdiblanco, hubo uno cuya historia se ha perdido a través del tiempo, a pesar de que se trata de uno de los tipos más entregados que jamas se haya enfundado en la camiseta del León: don Ángel Fernández.

Nacido el 25 de junio de 1916, el “Che” Ángel Fernández era una de las figuras de Vélez Sarsfield, donde jugó siete años, de 1935 a 1942, con 160 partidos disputados y 37 goles anotados, aunque hay registros que comprueban que también estuvo presente y anotó en la inauguración del estadio de Vélez, el actual José Amalfitani, en 1943.

En 1943, a los 27 años, Ángel dice adiós a su amado “Fortín” y toma un descanso del futbol profesional, pero se mantiene entrenando con el equipo para no perder la forma física, y para seguir en contacto con sus amigos de toda la vida.

Pero a pesar de que estaba casi retirado, fuera de ritmo y con un año sin jugar, José Manuel Noguera supo que aún podía ser un elemento importante para el Club León.

De hecho, don Fernando Battaglia, hijo de don Antonio Battaglia, asegura que fue su abuelo el que convenció a Noguera de traer al “Che” Fernández a León.

“Ángel Fernández ya tenía un año retirado, terminó en Vélez Sarsfield, y estaba en la banca, pero no estaba activo, entrenaba pero no jugaba, tenía un año sin jugar, y Noguera, cuando hace la cuarteta para traerlos para acá, le pregunta a mi abuelo: 'Oye viejo, ¿Fernández tú crees que pueda hacerla?', y mi abuelo le respondió: 'Fernández, a la edad que tiene, va a tener más velocidad que cualquier pibe de 17'”.

Cuando Ángel Fernández llegó a León en 1944, tenía 28 años cumplidos, y aunque hoy esa edad significaría que estaba en plenitud de su carrera, entonces apuntaba ya más bien al retiro. Fue por eso que en León lo recibieron con el apodo de “El Viejito”, aunque de inmediato demostró que lo mismo que tenía de viejo lo tenía de calidad en los pies.

Extremo izquierdo con desborde y gol, al “Che” le tomó apenas un minuto demostrar su valía. Al igual que sus tres compatriotas, fue titular en el debut del Club León en la Liga Mayor el 20 de agosto de 1944 frente al Atlante, y a los 45 segundos, en una descolgada por la izquierda, marcó el primer gol de la historia del equipo.

Tras ese inmejorable debut, Ángel se establecería como una de las principales armas del Club León en los años siguientes, y sería pieza fundamental para los éxitos que le esperaban al equipo. De acuerdo con el testimonio del histórico cronista deportivo don Blas Barajas, el “Che” Fernández era un fuera de serie.

“Siempre lució la envidiable condición física propia de un jovenzuelo, y trotó majestuoso por el sendero izquierdo con la destreza de genio. Enseñó cómo jugar magistralmente un extremo-extremo sin desperdicio de tiempo o movimientos”, afirma sobre él en su página de Facebook.

Por su parte, el historiador deportivo Carlos Calderón describe al “Che” como “un delantero de enorme fuerza y arrojo, que no se ablandaba ante los rivales y jugaba hasta cierto punto arriesgando de más el físico”, esto en una columna escrita para Mediotiempo en 2012.

Pero el tiempo no pasa en balde, y a pesar de que seguía siendo uno de los elementos más importantes del León, decidió retirarse en lo más alto al final de la temporada 1947-48, a los 32 años de edad, y después de haber ayudado al equipo esmeralda a conseguir el primer título de liga de su historia.

A pesar de esto, y como ya le había ocurrido en Vélez, no se separó del equipo, se mantuvo en buena forma física y cerca de sus compañeros.

Por su parte, el León comenzó sin él la temporada 1948-49, mientras el técnico, José María Casullo, batallaba para encontrar al suplente ideal para el puesto de extremo izquierdo que había dejado vacante el “Che”. Además, y por si fuera poco, el Barcelona les había arrebatado a media temporada al que probablemente era su mejor jugador, Marcos Aurelio, que se fue a vivir su propia aventura a la Ciudad Condal.

Así, movido por las necesidades del equipo y por la nostalgia que le provocaba el olor del césped y el rugir de los estadios, Ángel le pidió a Casullo que le permitiera regresar. El técnico argentino accedió, y Ángel Fernández volvió al León de su corazón.

“Ángel “El Ché” Fernández reapareció el 10 de abril de 1949 ante el equipo Oro y parecía que jamás había dejado de jugar. Haciendo sus clásicas jugadas temerarias, en donde le tiraban el balón adelantado y él casi se lo arrebataba de las manos al portero para anotar, logró el primero de los dos tantos con los que el León ganó de visitante al equipo áureo”, recuerda Carlos Calderón.

Parecía un regreso idílico, predestinado, y tanto el jugador como la afición se regodearon en melancolía. Los goles de Ángel Fernández estaban de vuelta, y ahora sí no habría nada que separara a la Fiera del ansiado bicampeonato. Pero una semana después, el 17 de abril de 1949, llegó el siguiente encuentro, frente a Tampico en La Martinica, y la historia daría un giro macabro.

“Apenas transcurrían tres minutos del primer tiempo, cuando Costa mandó a Fernández el pase filtrado que tanto gustaba a el 'Ché' y éste, aún viendo que toda la ventaja era para el 'Tarzán' Landeros, portero tampiqueño, adelantó la pierna para puntear el balón ante la salida arriesgada del arquero. El esférico entró lentamente, besando las redes enemigas, pero al mismo tiempo el sonido inequívoco del hueso roto se dejó escuchar en el estadio”, cuenta Carlos Calderón.

Ángel Fernández le había entregado todo al Club León. Le había dado el primer gol de su historia, su primer campeonato, y había salido del retiro para ayudarlos cuando más lo necesitaban. Y al final, terminó por entregar hasta su pierna para anotar un último gol para su equipo esmeralda.

“Camino al vestidor sus compañeros, sumamente tristes, le prometieron ganar ese partido y el campeonato mismo en su honor, lo que cumplieron con creces, pues no solo conquistaron el título liguero, sino también la Copa para convertir al León en el primer campeonísimo de la historia” apunta don Blas Barajas.

Al final, el León bicampeón y campeonísimo despidió a una de sus leyendas, que poco después, fracturado y retirado, decidió regresar a la Argentina a pasar el resto de sus días, pues falleció hace ya varios años.

“La víspera de su partida le vimos llegar al estadio apoyado en muletas, cabeza baja y gesto dibujado por la tristeza. Parado en la línea que delimita la cancha levantó por fin la mirada, paseándola por graderías y el verde olor de un pasto recién cortado. Entró al terreno de juego a paso tan lento que parecía un hombre de más edad. Finalmente, aspirando con fruición el nostálgico olor a fútbol, dijo adiós al estadio y a su larga vida futbolística”, platica Blas Barajas.

Sin embargo, en León dejó el recuerdo de sus escapadas incontrolabes por la banda izquierda, su calidad incuestionable, y más que nada el ejemplo de que en la cancha la entrega es siempre innegociable.

“Si digo que “el viejo” Fernández ha sido el mejor extremo izquierdo en la historia del León, sin duda el más completo a pesar de su edad, toparé con muchas críticas. Pero, perdón, yo lo vi jugar”, finaliza don Blas.

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