Suerte para la próxima

29 Oct, 2019
carlos guerrero
Club León

El inicio del futbolista es complicado. Los jóvenes se rompen la espalda semana a semana en largas sesiones de entrenamiento donde pulen su estilo de juego y sus capacidades a través del mágico y tedioso método de la repetición, para finalmente jugar cada fin de semana en una liga de reservas donde nadie, o casi nadie, los verá.

Ahí no hay medios que informen del día a día, no hay cámaras que graben sus mejores jugadas, y no hay analistas ni exjugadores que diseccionen sus goles segundo a segundo. Solamente hay sol y sudor y patadas y gritos.

Por eso, cuando una casualidad del destino le abre las puertas del primer equipo a uno de estos chicos, es como si pudieran escapar del inframundo, como si dejaran un hoyo negro para salir a los reflectores y triunfar al más alto nivel, codo a codo con algunos de los mejores futbolistas de todo el país.

Pero el peso de salir a la luz tampoco es sencillo de manejar, y muchos sucumben a la repentina vorágine de atención mediática y presión que se genera en torno a sus figuras. Un día eres la joven promesa y el favorito de la hinchada, y al otro no has hecho nada y deberías irte para abrir paso a nuevos consentidos.

El golpe puede ser brutal, devastador para los ánimos de niños de menos de veinte años que sueñan con comerse al mundo, y que al contrario, parece que el mundo terminó por comérselos a ellos.

Ante esta prueba de temple y serenidad se tendrá que enfrentar Carlos Guerrero, una de las últimas perlas de la cantera esmeralda que pintaba para seguir el camino de la luz, pero que hoy ha vuelto a las catacumbas y a la oscuridad.

Y es que Carlos reunía todos los ingredientes para ilusionar a la fanaticada verde: es leonés de nacimiento, mundialista y regular en selecciones inferiores, contención fuerte y entregado, y parecía no tenerle miedo a nada. Lo único que pedía era una oportunidad. Y la tuvo al principio de este torneo, cuando las lesiones simultaneas de Iván Rodríguez, Pedro Aquino e Iván Ochoa lo dejaron como la única opción para la medular de la Fiera.

Era su chance de brillar, de salir del hoyo negro, pero sucumbió. Un descuido, un pisotón y una expulsión le costaron la continuidad y hoy ha vuelto a jugar a la sub-20, de nuevo al sol y al sudor, y al ostracismo.

“Son sus oportunidades que tienen los jóvenes, si no las aprovechan...”, dejo caer Ignacio Ambriz el pasado viernes, cuando se le cuestionó la ausencia de Guerrero de los entrenamientos. Y después agregó que simplemente no lo pudo recuperar.

“Indisciplina no fue, eso tenlo por seguro. Siento que no se supo recuperar de algunos fallos que tuvo, por ejemplo la expulsión. Yo no tuve la capacidad de poderlo rescatar de la mejor manera, lo vi un poquito presionado, y no por hacerlo a un lado, pero preferí que entrenara mejor en la 20”.

La mentalidad lo traicionó en el momento más importante, y desgraciadamente el futbol, como la vida, no perdona. Hoy Carlos Guerrero ya no es la joven promesa, y otros han tomado su lugar, como lo indicó Ambriz.

“Ahora hay chicos como Fidel (Ambriz), como Saul (Zamora), que están haciendo las cosas bien con 16 años y me están llenando el ojo, quiero hacer una pretemporada con ellos, ahora en el partido que tengo de fecha FIFA que jugaremos en Estados Unidos los voy a poner a los dos de titulares, voy a ocupar ese partido para jugar con puros jóvenes de los que yo creo que nos pueden dar el día de mañana los minutos que necesitamos en la liga. No sé si el día de mañana Macías se pueda ir o se pueda quedar, entonces necesito tener alternativas con Diego (Luna), con Fidel (Ambriz), con Saul (Zamora) y con Mau (Isais), que son los que me están llenando el ojo ahora”.

Hoy, Carlos Guerrero está frente a la prueba más grande de su vida. Tuvo la oportunidad de brillar y la dejó ir, como a casi todos nos ha pasado por lo menos alguna vez. Pero lo más importante es lo que viene después, soportar el golpe y no dejarse llevar por el pesimismo. Carlos, que no ha cumplido aún los veinte años, ha vuelto a caer al abismo, y su misión es volver a salir de ahí, lo que quizás resulte todavía más difícil.

Su camino recién empieza, y lo peor que puede pensar es que todo está perdido, cuando en realidad nada lo está.

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