Se vienen las épocas de vacas flacas en el Club León

12 May, 2025
club leon
La Opinión

El granjero estaba triste. La granja tenía varios años estancada y apenas había ganancias para mantenerla a flote. Su familia estaba enojada, sus almacenes estaban cada vez más vacíos, y las lluvias eran cada vez más reacias a caer en sus campos. La cosa, como quien dice, iba mal.

Pero como caída del cielo, encontró una luz de esperanza. Uno de esos años, las verduras que salieron de sus cultivos emergieron grandes, dulces y jugosas, y le valieron la invitación a la Feria Mundial de Granjeros que se realizaría en los Estados Unidos en el verano de 2025.

Ahí podría exponer sus productos, generar acuerdos de exportación e impulsar su negocio como nunca antes había imaginado. El granjero estaba contento.

Presa de la emoción por la oportunidad inesperada, el hombre apostó todo a ese evento que le cambiaría la vida. Acudió al mercado y compró a la vaca más gorda que encontró, un ejemplar importado de Colombia que le aseguraba la leche más cremosa y los mejores lácteos, pero además compró unos cuantos ejemplares más para completar su exhibición en la Feria Mundial.

Pero de pronto, arribó a la granja un documento de la Federación Internacional de Granjeros en el que le informaban que su invitación a la Feria Mundial quedaba invalidada, pues encontraron que era parte de un conglomerado de campesinos y que otro granjero ya representaría al mismo grupo.

Entonces todo se torció. De pronto quedó con una vaca gorda cuyo alimento era costoso e insostenible, por lo que la malbarató para solventar la comida de los otros animales. Pero ni eso fue suficiente, y al final se vio obligado a deshacerse de ellos también para rescatar toda la granja.

Además, para evitar conflictos futuros, se vio obligado a salir del conglomerado de campesinos y a vender parte de su negocio, incluida su infraestructura y demás activos, para permanecer sólo como el operador de lo que hasta entonces había sido su patrimonio.

Al final, al granjero sólo le quedaron unas cuantas vacas flacas pastando en una tierra seca y estéril, y su familia, encolerizada por todo lo sucedido, pero fiel y dispuesta a acompañarlo hasta la bancarrota, porque para ellos la granja, ese predio inerte en el que apenas se vislumbraban algunos brotes verdes, era su vida.

Hoy, el Club León enfrenta dos certezas inevitables. La primera es que se viene un bajón considerable tras perder los ingresos del Mundial de Clubes. Puede llegar este mismo verano, puede llegar en invierno, o puede llegar hasta mediados de 2026, pero la caída es inminente, porque parece insostenible que el equipo pueda afrontar la nómina que construyó sin el incentivo económico que recibiría por el torneo internacional.

Y la segunda es que, venga lo que venga, con el desarmado del plantel o la venta del equipo, la afición esmeralda seguirá fiel, porque pase lo que pase, a pesar de las vacas flacas y las sequías, el equipo es nuestra vida, y no hay Mundial de Clubes, descenso o derrota que pueda quitarnos eso.

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