León no es nada sin su gente

13 Oct, 2020
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Club León

Durante los últimos meses, el Club León y sus aficionados vivimos una realidad ilusoria. Sin hacer el fútbol más espectacular, el equipo pudo sumar victorias y puntos, y antes de que nos diéramos cuenta, ya habían clasificado a la liguilla, y el sueño de la octava volvía más fuerte que nunca.

Pero esta semana todo se ha ido al carajo.

Como si fuéramos nuevos e inocentes, nos dejamos llevar por la ilusión, comenzamos a imaginar que todo saldría bien, que en diciembre estaríamos de vuelta en el Nou Camp, acompañando a la Fiera en su camino al título, y festejando como locos la consecución del campeonato que tanto anhelamos.

A pesar de que los diez años en el ascenso nos enseñaron a tener precaución de los buenos tiempos, esta vez parecía que todo podría ser diferente, y que el 2020 podía dejar de ser el año de la pandemia para convertirse en el año de la octava.

Y aún lo puede ser, pero no será lo mismo. Porque antes de enfrentar al América, Roberto Zermeño apareció una vez más para cortarnos la ilusión. Obligó al equipo a exiliarse fuera de León, en  Aguascalientes, y no sabemos qué pasará después.

No sabemos si se quedarán en el estadio Victoria lo que resta del torneo, incluida la liguilla. No sabemos qué pasará para el Apertura 2021, que está más cerca de lo que parece. No sabemos si el Club León ya no jugará en León hasta que finalice la construcción de su propio estadio, lo que alejaría a la Fiera de su ciudad por lo menos por dos años.

Lo que sí sabemos es que ese escenario es insostenible. El León no puede vivir fuera de León. No es viable, y sería una traición a su gente, a la que los ha acompañado toda la vida, a lo largo de 76 años de historia.

Hoy, el conflicto entre dos particulares como Grupo Pachuca y Roberto Zermeño ha afectado a quienes menos se lo merecían: los aficionados. Ellos son las verdaderas víctimas de los caprichos de un empresario envalentonado y egoísta.

Los que pierden son los fanáticos leoneses que estuvieron presentes en el debut del Club León en la Liga Mayor el 20 de agosto de 1944, en aquel lleno insólito del estadio Patria de béisbol; los que vivieron las copas ganadas en los setentas, en años de éxitos y sinsabores; los que sufrieron el primer descenso en los ochentas, pero que resurgieron como ave fénix para festejar y gritar el quinto campeonato de la historia en los noventas; los que atravesaron el fango de la Liga de Ascenso por diez largos años, hasta que a base de agallas y pundonor lograron regresar; los que apenas en estos años comenzaban a alentar a la Fiera, inspirados por sus abuelos, sus padres y sus hermanos, y por las historias de honor y gloria que los invitaban a sumarse a esta pasión.

Todos ellos son los que más sufren con la incertidumbre de no saber qué pasará con su equipo. Ellos son los verdaderos rehenes de los viles intereses monetarios de empresarios millonarios.

Y aunque la octava llegue por fin en diciembre, no sabrá igual si no se juega en la ciudad. El futuro inmediato está resuelto en Aguascalientes, pero lo preocupante es lo que pasará después. Zermeño tiene en su poder el único estadio que puede albergar al Club León en León, y eso le da ventaja, mientras que la directiva esmeralda no cede, y parece que preferirá marcharse antes de considerar siquiera negociar con el ingeniero.

Y mientras la afición, encerrada en sus casas por la maldita pandemia que no nos deja ni respirar, ve impotente el desarrollo de la situación, sin tener voz ni voto, y sin poder hacer nada para impedir algo que parece inevitable.

Así, entre la frustración y el coraje, no queda más que seguir esperando, seguir soñando con la octava, y seguirle recordando a unos y a otros que ningún estadio y ningún equipo valen nada sin la gente que los acompaña.

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