La posible venta del Club León: entre la ilusión y el miedo

16 Oct, 2026
venta club leon
oswaldo.arte

La posible venta del Club León me genera sentimientos encontrados. Por un lado, me ilusiona pensar en todo lo que podría venir; por el otro, me da miedo imaginar qué pasará con una institución que, durante años, ha formado parte de la vida de una ciudad entera.

No es una contradicción. Se puede reconocer lo que Grupo Pachuca ha hecho por el León y, al mismo tiempo, pensar que el club necesita una nueva etapa.

En septiembre, Jesús Martínez Patiño confirmó que negociaba la venta del control de la institución con distintos fondos de inversión. El presidente de Grupo Pachuca dejó claro que no se trata de una decisión que quisiera tomar voluntariamente, sino de un proceso relacionado con las exigencias para resolver la multipropiedad.

“La venta de León es no porque queramos vender a León, el León es una joya”, declaró.

El dirigente también explicó que la operación no significaría necesariamente una ruptura total con el club, pues Jesús Martínez Murguía continuaría dentro de su estructura. Es decir, la discusión no se limita a quién compra las acciones, sino a quién tendrá el control y qué hará con él.

Y ahí es donde comienzan las preguntas.

Querétaro y Atlas: dos ejemplos que invitan a imaginar

Cuando pienso en la posible venta del León, inevitablemente volteo a ver lo que sucede con otros equipos que han cambiado de propietarios.

Querétaro comenzó una nueva etapa en julio de 2025, cuando Innovatio Capital, encabezado por Marc Spiegel, asumió el control de Gallos Blancos. Su proyecto ha planteado una forma distinta de construir un equipo, con énfasis en el análisis estadístico, la tecnología y la búsqueda de futbolistas cuyo rendimiento pueda superar su valor de mercado.

Me parece interesante esa visión. No se trata necesariamente de gastar cantidades exorbitantes en fichajes, sino de encontrar talento que otros clubes no han detectado o que el mercado todavía no valora adecuadamente. Es una forma de competir que requiere paciencia, análisis y una estructura deportiva capaz de tomar buenas decisiones.

Querétaro todavía tiene que demostrar hasta dónde puede llevar ese modelo, pero al menos existe una propuesta identificable sobre cómo pretende construir su futuro. Y eso importa: un proyecto no se mide únicamente por el dinero que invierte, sino por la claridad con la que decide utilizarlo.

Atlas también ofrece motivos para mirar con atención.

Después del cambio de propietario, Grupo Prodi tomó el control del equipo rojinegro en 2026. En octubre presentó, junto con la Universidad de Guadalajara, el proyecto conceptual de un nuevo estadio para más de 40 mil aficionados, con una inversión anunciada de aproximadamente 5 mil millones de pesos y la meta de abrir sus puertas en 2030.

No es poca cosa. Se trata de una propuesta que va más allá de la cancha: un recinto concebido para albergar partidos y otros espectáculos, integrado en un complejo que busca generar actividad durante todo el año. Por supuesto, todavía falta que el proyecto avance y se materialice, pero ya existe una visión de infraestructura con dimensiones concretas.

Y entonces pienso en León.

¿Qué habría pasado si durante los últimos años hubiéramos tenido un proyecto de estadio con esa ambición? ¿Hasta dónde podría crecer el club si, además de invertir en jugadores, existiera una estrategia de largo plazo para modernizar su casa y generar nuevas fuentes de ingresos?

No podemos asegurar que un nuevo propietario vaya a construir un estadio ni que vaya a invertir más dinero en fichajes. Pero sí podemos preguntarnos por qué esas posibilidades no han ocupado un lugar más visible en el futuro del León.

Grupo Pachuca también tiene una historia que reconocer

Sería injusto hablar de una posible venta sin reconocer lo que Grupo Pachuca ha conseguido con el León.

La institución fue adquirida cuando se encontraba en el Ascenso y logró regresar a Primera División. Después llegaron los campeonatos, las noches inolvidables y una etapa que devolvió a La Fiera al protagonismo del fútbol mexicano.

Durante la gestión de Grupo Pachuca, el León conquistó tres títulos de Liga MX, además de la Concacaf Champions Cup y la Leagues Cup. También consiguió su clasificación al Mundial de Clubes de 2025 como campeón de la Concacaf en 2023, aunque finalmente quedó fuera de la competencia por la resolución de la FIFA sobre la multipropiedad.

Esos logros no desaparecen por el hecho de que el control del equipo pueda cambiar de manos. Tampoco se puede ignorar el trabajo que permitió devolverle al club una identidad competitiva y construir planteles capaces de pelear por campeonatos.

Pero reconocer los éxitos no significa renunciar a la crítica.

Durante esta etapa también ha habido decisiones deportivas cuestionables, cambios de rumbo difíciles de entender y momentos en los que la planificación no ha estado a la altura de las expectativas de la afición. Algunas equivocaciones han parecido evitables y han terminado por alimentar la sensación de que el club podría aspirar a más.

El problema no es que una directiva se equivoque; todas lo hacen. El problema aparece cuando los errores se repiten o cuando no se percibe una estrategia capaz de corregirlos.

Por eso me cuesta entender que, durante tantos años, no hayamos visto concretarse un proyecto de nuevo estadio para León que represente una apuesta de largo plazo. La ciudad tiene una afición que ha acompañado al equipo en cualquier división y que ha demostrado su capacidad para llenar las tribunas en los momentos importantes.

¿No merece esa afición una visión que vaya más allá de formar un equipo competitivo para el siguiente torneo?

El miedo de que todo cambie sin que nada cambie

Mi preocupación no desaparece con la posibilidad de una venta.

Jesús Martínez Patiño ha dejado claro que la intención de Grupo Pachuca no es desprenderse completamente del León por voluntad propia. En sus declaraciones sobre las negociaciones, explicó que su hijo permanecería dentro de la estructura del club. Eso obliga a distinguir entre vender el control de una institución y abandonar por completo su administración.

Y ahí está una de las grandes incógnitas: ¿qué tanto cambiaría realmente el León?

Un nuevo socio podría aportar capital, conocimiento, herramientas tecnológicas y una visión empresarial distinta. También podría exigir mejores resultados financieros y deportivos. Pero nada de eso está garantizado por el simple hecho de cambiar de propietario.

Incluso una inversión importante puede fracasar si no existe una buena dirección deportiva. Gastar más no siempre significa fichar mejor, del mismo modo que construir un estadio no garantiza que el equipo gane campeonatos.

Por eso no quisiera que la posible venta se entendiera como una solución automática a todos los problemas del León. Lo que deseo es que represente una oportunidad para revisar qué se ha hecho bien, qué debe cambiar y qué necesita la institución para crecer de manera sostenible.

Que el club pueda aprovechar herramientas de análisis y captación de talento, como las que plantea Querétaro; que exista una estrategia de infraestructura con objetivos definidos, como la que Atlas acaba de presentar; y que la inversión deportiva no dependa únicamente de las necesidades inmediatas de una temporada.

Y, sobre todo, que el León tenga una dirección clara, con dueños centrados exclusivamente en el equipo.

El León está por encima de sus propietarios

Al final, mi ilusión no está puesta en un nombre ni en un grupo empresarial en particular. Está puesta en las posibilidades que podría tener el Club León si se construye un proyecto verdaderamente ambicioso.

Quiero ver a la Fiera competir regularmente por campeonatos, desarrollar jugadores, fichar con inteligencia y contar con una infraestructura que esté a la altura de su historia. Quiero que el club tenga estabilidad, que sus decisiones deportivas respondan a una visión de largo plazo y que la afición vuelva a sentir que forma parte de algo que crece.

Pero también entiendo el miedo. Cambiar de propietario implica incertidumbre y no existe ninguna garantía de que el siguiente proyecto será mejor que el anterior.

Grupo Pachuca nos dio títulos que siempre estarán en la historia del León. Eso merece reconocimiento. Sin embargo, el pasado no puede ser la única razón para confiar en el futuro, así como el cambio de propietario tampoco debe convertirse en una promesa automática de éxito.

La venta podría abrir una nueva etapa. Lo importante será conocer quién llega, qué propone, cuánto está dispuesto a invertir y cómo pretende construir un club competitivo dentro y fuera de la cancha.

El León no es solamente un activo dentro de un grupo empresarial. Es una institución con historia, con identidad y con una afición que ha demostrado que está dispuesta a acompañarla.

Si el León cambia de dueño, quiero que sea para crecer. Para tener un proyecto que nos ilusione, una casa que nos enorgullezca y un equipo que compita a la altura de su gente.

No quiero que el cambio ocurra solamente porque las reglas lo exigen. Quiero que, si llega, sea el comienzo de algo que el León necesitaba desde hace tiempo. Y quizá por eso la posible venta me provoca ambas cosas: ilusión por lo que podríamos construir y miedo por todo lo que está en juego.

Al final, lo único que espero es que quien tenga el control del León entienda algo: los propietarios pueden cambiar, pero la historia y la afición permanecen. Y esta ciudad merece que el futuro de su equipo esté a la altura de ambas.

Últimas noticias

ver más