El Club León y nada más

19 Feb, 2020
club leon 2020
Club León

El estadio León fue una caldera hirviente. La tribuna jugó su partido, abarrotó el Nou Camp y alentaron los noventa minutos con una intensidad sin igual que dejó pasmado al LAFC y a Carlos Vela.

Pero extrañamente, el día después el tema de conversación no fue el gran partido del Club León, ni su victoria por 2 – 0 que pudo haber sido goleada, ni su eficiencia en el fondo para contener a Vela y a Diego Rossi, ni el gran partido de Ramiro González, o de Luis Montes o de Jean Meneses.

No. La conversación de distintos medios nacionales y en redes sociales fue el hostil recibimiento que la fanaticada verdiblanca le dio a Carlos Vela. Los insultos que lo inundaron desde el calentamiento y hasta que el autobús dejó el estadio. Los abucheos que se intensificaban cada que el balón pasaba por sus pies y los alaridos de alegría cuando los defensas lo desarmaban.

En León, esas reacciones del partido no dejaron nada más que sorpresa. ¿Qué esperaban? ¿Creían que el Bajío se iba a rendir a los pies de Carlos Vela? ¿Que la afición leonesa repentinamente festejaría los regates y los esfuerzos de un hombre que intentaba derrotar al equipo al que habían alentado toda su vida? ¿Que la figura de un ídolo nacional bastaría para traicionar al esmeralda suyo, de sus padres y sus abuelos?

Nada más lejos de la realidad, porque en León todos sabían que el objetivo era exactamente lo contrario. Hubo un acuerdo tácito, inexplicable pero real, de que el estadio León sería el campo más hostil que hubiera pisado nunca Carlos Vela y todo el LAFC.

El superlíder de la MLS se metería a las fauces de la Fiera para intentar hacerle daño, pero su hinchada no lo iba a permitir. Porque en León no existe nadie, absolutamente nadie, que esté por encima del club.

No lo estuvieron ni siquiera los últimos ídolos cuando regresaron al León. Tipos como Carlos Peña, José Juan Vázquez, o incluso el mismo Rafael Márquez fueron recibidos en sus respectivas vueltas al Nou Camp con algunos aplausos, sí, pero también con rechiflas y ofensas que les recordaron que ahora serían rivales, y que no tendrían consideración.

Y si ellos, que dejaron calidad en la cancha y títulos en las vitrinas de la institución, fueron recibidos así, ¿qué podría esperar Carlos Vela?

Si en la cancha del estadio León se abucheó a la propia selección nacional en su despedida a los Juegos Olímpicos en 2012, ¿por qué la hinchada esmeralda trataría diferente a un futbolista rival que no tiene ningún vínculo en especial con esta tierra y sus valores y sus tradiciones?

Al final no hubo agresiones físicas ni consecuencias violentas. El calor del Nou Camp quedó solamente en la atmósfera y la presión que se vivió en su campo.

Carlos Vela fue un rival más y así fue tratado por la afición leonesa, que demostró que el Bajío no es sucursal de nadie, que la grada sabe pesar en los momentos importantes, y que aquí la cosa está clara: es el Club León y nada más.

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