Ambriz y las expulsiones

12 Sep, 2020
nacho ambriz leon
Club León

Once de marzo del año dos mil quince. El PSG está contra las cuerdas. Tiene que marcar un gol en Stamford Bridge para superar los octavos de final de la UEFA Champions League, pero desde la media hora está con diez por la expulsión de su mejor jugador. A diez minutos del final, Cahill marca para el Chelsea FC y la cosa parece terminada. ¿El resultado final? Los parisinos, heroicamente y tras tiempos extras, lograron empatar el marcador a dos y eliminar al cuadro londinense por diferencia de goles de visitante.

Varias de las críticas hacia el perdedor pasaron por su entrenador, José Mourinho. Al luso se le achacó no haber abandonado su estilo defensivo aun cuando su rival se había quedado una hora chato en ataque por la expulsión de Zlatan además de en inferioridad numérica. Lejos de echarse encima del rival y ahogarlo, el local especuló con la necesidad de su rival y pagó caro el precio. Pero, siendo sinceros, al luso lo separaron diez minutos de haber sido genio y no villano. Sencillamente, el en ese entonces entrenador blue se apegó a su plan original y no vio en la expulsión de un jugador contrario la necesidad de cambiarlo.

Aterrizando los conceptos, la pegunta que debemos hacernos es si un equipo tiene que ser más o menos ofensivo en el caso de que el contrario sufra la sanción de una tarjeta roja a un jugador.  No hay lugar a la más mínima duda de que dicha situación supone una ventaja para el lado que no ha sido perjudicado. No tiene que ajustar su esquema, ni pensar en un cambio forzado para compensar el ataque o la defensa ni lidiar con el impacto moral de la misma.

Hay, sin embargo, algunos puntos a considerar. La mente humana es bastante curiosa y suele suceder, sobre todo a nivel profesional, que el equipo que tiene menos jugadores se suelta la presión de estar en desventaja y reacciona jugando mejor colectivamente y con mayor concentración y acierto individual. No son pocos los casos de clubes que con dos o tres expulsados han logrado hazañas verdaderamente históricas.

Pasemos entonces al Club León de Ignacio Ambriz. Ante el Atlas FC, Necaxa y Club Tigres de la UANL, la expulsión que sufrió la visita no solamente no influyó en el marcador, sino que tampoco provocó modificaciones tácticas en el cuadro verdiblanco. Nacho prefirió mantener el plan de juego y no convirtió en goleada los partidos ante los tapatíos e hidrocálidos ni logró la victoria ante los regiomontanos.

No hay que pasar primero que el plan de Ambriz, aunado a la cantidad de regateadores que tiene la plantilla (Montes, Yairo, Meneses, Navarro y Tesillo en orden descendente), está provocando que los rivales tengan que recurrir a las faltas para cortar el juego esmeralda, y que conforme pasan los minutos se vuelve más difícil detenerlo con orden táctico y más recurrente el hacerlo con entradas antirreglamentarias.

Por tanto, cuando Ambriz mantiene las cosas como están pese a que el enemigo deportivo se quede con diez jugadores, no es que esté pecando de especulativo ni que sea falto de ambición. Lo que hace es mantener el plan que obligó al contrario a perder un jugador y que le mantiene sin estar abajo en el marcador, a la vez que gana tiempo para observar el ajuste con que intentarán seguir compitiéndole. Un plan apegado a la posesión del balón y la paciencia.

Porque, si de por sí los rivales se cierran ante La Fiera, con un hombre menos serán más cautelosos y propensos al contragolpe y eso es un riesgo que no se debe olvidar mientras se ataca. De hecho, ante los de Ferretti, los jugadores verdiblancos se aceleraron tras ser enviado a las regaderas Guido Pizarro y lejos de acercarlos a la victoria, la consecuencia de su nerviosismo fue que los comandados por Gignac cerraron mejor el encuentro y, por ende, estuvieron más cerca de llevarse los tres puntos.

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